CAPITULO 5: Del Norte Vengo…

“Tengo la capacidad…sin que me hables, entenderte, yo se que lo trae en tu mente, que estas loc@ por tenerme….” – Nene Malo – Es un Secreto

– Besas rico Beto
– ….  ah? – respondí haciéndome el desentidido
– Besas rico huevón! – repetió emocionado, mientras se acercaba a mi con planes de invadir mi cuello a besos. Solté una corta sonrisa
– ¿Qué pasa? – preguntó
– Es tarde Gonzalo… debo pagarle a la señora que me limpia el depa al agente que cierra en 10 minutos- respondí muy seco, mientras me librara de aquellos brazos que tanto deseaba y me colocaba con prisa el pantalón, la camisa y los zapatos.
– Puta huevón, no te entiendo.- se recostó para nuevamente levantarse… ¿No querías esto?
– …. y tu que mierda sabes lo que quiero huevón? – sentencié.

11:00 pm. Raul seguía manejando a toda velocidad hacia la discoteca. Parecía más urgido que yo en llegar a Babilonia. Traté de no pensar en Gonzalo y conseguí gracias a la música del auto que seguía todo volumen mientras recorríamos las vacías autopistas de mi Lima Nocturna.

– Oye huevona!, – me gritó Raúl- por siaca en la disco nos juntaremos con unos amigos que han venido de Piura. Eran amigos de barrio de Hugo, pero al final se hicieron mas patas míos que de él, fíjate!!! aunque… para serte honesta uno es un ex agarre mio, pero eso no lo sabe Hugo, así que chitón amiga!!! –
Todo esto me lo gritaba mientras encendía mi tercer cigarro y pensaba…que tal habilidad de este maricón para conducir, cambiar de emisoras y manejar su fiel Honda Civic ….y que no muriésemos en el intento…
– Yo se que eres medio antisocial Beatito, pero cambia esa jeta, animate! que pasa? la vida no tiene porqué ser complicada, tu también te fijas en cada imposible hijita, metete en la cabeza que Gonzalito es hetero y te quiere sólo como amigo!
– No es eso – interrumpi- y ya cambia de tema porque hoy solo quiero bailar y tomarme unos buenos chilcanos! ….a la mierda el amor!!!
– Asi se habla! Fuck it baby! – sonrió Raul mientras apretaba aun mas el acelerador
La discoteca Babilonia, bien podría llamarse Sodoma, porque era la única discoteca que ostentaba un show de bailarines y bailarinas bailando completamente desnudos, montados en unas jaulas que colgaban del techo ante la atenta (y libidinosa) mirada de cuanta cabrita, curioso y heteroflexible osaba acercarse lo suficiente para ver el sudor caer sobre sus cuerpos y adivinar los movimientos de aquellos contorneados y bien moldeadas estatuas de carne y hueso. La discoteca estaba a full y la música también estaba muy pilas…la noche prometia señores!
– Amiga – me susurró Raul
– Qué! – respondí sin siquiera mirarlo, yo ya estaba hipnotizado por la música – Qué pasa???
– Soy fuga reina… pero te juro que vuelvo en unas horas!
– Ah?????  (#Fuck!) no entiendo?
– Es Hugo. Regresó de Tumbes antes de lo planeado y me ha whatsapeado. Esta molestisimo, imaginando huevada y media por no verme en el depa. A ver si lo traigo y nos juntamos y le dices que solo vinimos para el duelo de DJ’s.
– Espera, me vas a dejar? no seas pendejo! aquí no conozco a nadie!!!
– Por fa! te llamo al rato!!! – al terminar esta frase su voz no era mas que un eco… se había ido.
– (#Pendeja)

Miraba a todos lados, en búsqueda de alguna cara conocida pero, recordaba que mi ultimo ingreso a aquella discoteca fue hace casi 3 años con Alexander, aquel intento de ex que mas fue un intento de estafa que ya explicaré mas adelante porque aquel caso merece mas de un capítulo aparte. Quería emborracharme. No quería seguir pensando en nada más que aquel momento, así que caminé hacia la barra por mi clásico Mojito… (#CubaTeAmo)
Me senté y observé bien la barra de la discoteca: era una enorme extensión de granito muy pulido, con incomodas sillas de diseñador e iluminado por varias lamparas de neon detrás de los anaqueles de los licores. Las copas y vasos se acomodaban y re acomodaban rapidamente, siempre con cuidado y diligentemente atendido por musculosos y sonrientes bartenders quienes apenas te veían sin un trago se acercaban con la carta de sus mejores tragos y obviamente, sus mejores sonrisas.
– Hola! Que te sirvo? – me preguntó uno.
– (Tu cuerpo, quizás?) Un mojito. Observé que me miró extrañado. Lo preparó rápidamente, estaba buenazo… el trago, y él. (jejeje)
– Y… para tu fan?
– Perdón?
– Digo, para el chico que te está mirando, allá por la zona del DJ. – respondió girando su cabeza hacia donde debía yo mirar.

Dicho y hecho, miré lentamente hacia el cuarto del DJ y efectivamente, una mirada se cruzaba con la mia. Tomé mi vaso y me alejé un poco, hacia la pista de baile. Si bien no me consideraba timido, (inclusive algunos me decían que era muy lanza con quien me gustaba), era yo quien siempre proponía la conversación, el primer roce, (Besas rico Beato), el primer beso (No te entiendo, no era esto lo que querías?)…. carajo!!!, me odiaba a mi mismo por pensar tanto en Gonzalo. Tomé de un golpe mi trago y volví mi mirada hacia la barra.

– Tienes encendedor? – escuché…
– No fumo – le respondí tranquilamente, sin mirar quien me lo preguntaba
– Yo tampoco… – sonrió
– Entonces? – refuté no sin antes alzar mi mirada y ver, con sorpresa, que se trataba del chico que estaba cerca a la zona del DJ.
– Era la única forma de hacerte el habla – sonrió otra vez mientras tomaba un sorbo de su martini.

Yo también le sonreí.

Se llamaba Roberto. Piurano de pura cepa y orgullosisimo en extremo de su calida tierra. Era medico, 29 años y trabajaba para la Marina de Guerra,  vino a Lima con unos colegas para un seminario de Balística, y hoy iban a encontrarse con el ex agarre de su amigo Fidel. “Un tal Raúl, pero nunca llegó así que estábamos pensando en irnos”. No sabía si decirle que ese Raul, era aquel que me había dejado solo en aquel antro de perdición hacía unos minutos y que había salido a arreglar un lío con su marido, pero preferí no iniciar nuestra conversa con un drama de maricones.
Roberto manejaba una sonrisa blanca muy hermosa, en contraste con su piel trigueña tostada por el duro sol del norte. Tenia el pelo muy corto, pómulos marcados que enmarcaban su  rostro, y una espalda descomunal para su talla, asi como unos voluminosos brazos razón por la que su camisa parecía romperse cada vez que gesticulaba con sus manos sobre lo grandioso que era Piura y casi, todo el norte. Todo era sonrisas para él; media un poco menos que yo, pero algo en el hizo que no dejara de observarlo. Sus ojos eran castaños, y aun en la semi-oscuridad de la discoteca, no dejaban de verse con los míos. Sonreí, esta vez algo nervioso. Me gustaba oírlo, era muy conversador, gracioso y sobre todo muy varonil.

– Qué, que te pasa? – inquirió.
– Es que tienes, … tienes el dejo de la gente norteña
– (rió) Si, eso no se quita, pero así les gusto…y… así te gusto?
– (reí para mi) Depende… escuchas esa canción?
– Si – y se quedó oyéndola…- es reggaeton, pero no se bailarlo, no se, no es lo mio manyas?
– Bueno, pero SI es lo mio, así que, andando a ver si todo ese cuerpote tambien se mueve bien!

Lo tomé de la mano y nos fuimos a la pista de baile. Efectivamente, el piurano este no era ducho en el baile: era tieso, y todo su musculado cuerpo parecía de una sola pieza. “no es lo mio” se excusaba sin cesar, algo avergonzado, pero a mi poco me importo, yo quería bailar. “Tu si bailas bien bonito, me vas a enseñar” – me susurraba al oído. A mitad de la cuarta canción me dijo si podíamos ir donde su grupo de amigos, que estaban cerca de la puerta y que habían visto todo el espectáculo de su intento de pedir encendedor, el baile y el susurro en mi oido, y no quería ser descortés con ellos. Acepté.

Todos parecían hermanos, todos eran mediamente altos, bronceados, con espaldas anchas y pechos musculados y el pelo muy corto, se diferenciaban sólo por sus narices y ojos, y recién ahi me percaté de la nariz de Roberto la cual era recta, casi de un perfil griego “Que raro.. esa nariz no es norteña” – pensé. Me presentó a cada uno de ellos, todos eran muy amables y amantes del whisky. Estos muchachos no se andaban con juegos y trajeron de arranque cuatro botellas de JW Black y mucho hielo “Sin gaseosa…. eso es para maricas” gritaban y reían, mientras se servían en vasos gruesos de vidrio.  Brindamos por el gusto de conocernos, mientras les respondía las típicas preguntas que se hacen a un recién llegado: que de donde era, a que me dedicaba y principalmente, que es lo que quería con Roberto. Me sorprendió el cuidado que le prodigaban a este muchacho. “Es un gran pata” me dijo uno que no recuerdo su nombre, “No juegues con él” – sentenció otro.

Pasaron las horas y tanto alcohol en mi sangre surtió su nefasto efecto. Ya cerca de la tercera botella mi baile mas parecía una balada. En todo momento Roberto me rodeaba con sus brazos, tal vez pensando que caería en algún movimiento… pero aun estaba consciente, y me acercaba más a él… y por ello el primer beso fue inevitable. Eso y el manoseo y otro beso y otra vez el manoseo.
– Estás muy mareado, di?
– Un poco – respondí, sin abrir los ojos
– Déjame llevarte a tu casa, no te vaya a pasar algo.
– Como diga Oficial! – respondí haciendo el ademán de un saludo militar, tratando de hacerme el chistoso…
– Soy Capitán, no te confundas…. – ouch! – vamos, que ya es casi de día.

Llegamos a mi depa, y no se como abrí, o tal vez el abrió la puerta y no se como no nos tropezamos con todos los muebles que había dejado la señora Lupe en el corredor, pues mañana recién iba a lustrar todo el piso, pero en fin… Ya en mi habitación, me levantó en peso y me acomodó lentamente en la cama, me quitó uno a  uno los zapatos, desbotonó gentilmente mi camisa y no se cómo consiguió una botella de agua mineral la cual colocó sobre mi mesa de noche.

Caí en un profundo sueño.

Desperté. Y lo hice entre asustando y emocionado. Por una parte, recordaba sus fornidos brazos, desabotonándome la camisa, dándome besos al cuello y repitiendo un “no quiero que sea solo un tire”, luego reaccioné y pensé… mis cosas!!! !!!Carajo!!!! salté de la cama y empecé a revisar cada ambiente del departamento. Todo estaba ahí, nada faltaba. Volví a la cama y vi la botella de agua pero habia una nota. “962530250 Roberto, por si tampoco te acuerdas”. Me senté en la cama y bebí toda la botella de agua. Volvi a echarme y dudaba entre llamarlo y no llamarlo. Cogí mi celular , solo para ver las 15 llamadas perdidas y 18 mensajes en el whatsapp. Todas de Raul.

Mensaje 1:  Bebita! no podré ir, Hugo esta hecho un pichín ya luego te cuento. Le dije a mi amigo que estarás en la disco, se llama Fidel, provecho con la carne norteña! Cuidado con andar de resbalosa!!! Besos reina
Mensaje 3:  Oye zorra, contesta! seguro lo tienes en vibrador!, donde estás? ya se quieren ir!!!!
Mensaje 9: Pendeja, que estarás haciendo? Me dice Fidel que tu solita llegaste al grupo, raaaaaaaaaaaaaajia! Le has caido super a todos, esa es mi amiga!!!
Mensaje 15: Amiga, llegaste bien a tu casa? Fidel me dice que acabaste borrachisima! Ay bebita, donde quedó el glamour? la decencia? Roberto es un gran chico, no juegues con él.
Mensaje 18: Geno-beba, me llamas apenas te levantes, cuentame que tal el norteñito! besos! XOXO

Respire profundo y me metí a la ducha. El agua fria despejó no solo mi dolor de cabeza, sino que también me calmó el pensamiento. Por primera vez en meses, pensaba todo de forma sosegada. Sonreí. Tenía que agradecerle a Roberto por tremenda ayuda. Sali desnudo de la ducha y aun mojado, me tiré en la cama, cogí el celular y marqué su numero.
– ¿Cómo amaneciste? – respondió Roberto con inusitada naturalidad
– Hey que tal soy Beato, eh… cómo sabes que soy yo?
– Este numero solo lo tienen mis amigos del trabajo, y … ahora tu, y nadie me llama a las 12 del mediodia, a esta hora todos estamos almorzando en la base.
– Perdona te interrumpo? – inquirí inocentemente
– Un poco, pero no te preocupes. Come algo ligero y nos vemos hoy en la Plaza de Armas, a las 7 de la tarde. Se puntual.
– Okey, y… disculpa, no soy tan borracho…
– A ti Beato, la pase muy bien anoche. No te preocupes, ya me las pagaras – respondió con un tono muy coqueto. Me excitó

Terminé la conversación, pero sin quererlo comenzó a invadirme una tonta alegría. El dia rapidamente se volvió fenomenal. Me eché nuevamente y sentía levemente el olor de Roberto en la almohada, y poco a poco las imágenes de hacía unas horas volvían a mi memoria; recordaba como lo tumbé a mi lado, como lo abrazaba y besaba e insistía para que se quitase la camisa. Recuerdo unos besos muy tiernos en mi frente, y una mirada atenta que se aseguraba que yo durmiera.

Me sentia emocionado, como un fucking colegial.

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2 comentarios sobre “CAPITULO 5: Del Norte Vengo…

  1. ¡Ay, mi Corín Tellado del siglo XXI! Tú sí que alucinas con el norte, ¿di? Que si así fueran los piuranos, yo viviría cinco horas y media más hacia arribita.
    ¿Babilonia? No me digas que en tu viejo San Juan (de Lurigancho) también hay un antro con el mismo nombre del que hay acá … o había … no lo sé a ciencia cierta.
    ¿20 cm? Eso si que me hizo caerme al piso de la carcajada; a mí me habían contado que era de 18, ¿le diste vitaminas? En fin.
    ¿Y a qué hora entra en escena el arequipeño? ¿O es que te has ido de mil parrandas para olvidar a uno y conseguir a otro, y a otro, y a otro … Por lo menos yo no pongo en juego los sentimientos; solo me sirvo de sus cuerpos.
    Saludos, raaaaaaaaaaaaggggggia.

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