CAPITULO 7: Relaja el choro!

 

– Beato? Claro! es mi pata desde hace uff!!!, que fue? que pasa con él?
– Dime, es “movido”?
– Movido? a qué te refieres?
– No te hagas el huevón Raúl, ya sabes a qué me refiero.
– Huevón que tienes tu? Relaja tu macho piurano okay?
– Ya! ya! pstt! solo que, puta ese amigo tuyo me ha dejado pensando, y no quiero que otra vez sea la misma huevada de todos los otros…
– Pucha no se Robertito, tendrías que preguntárselo. Osea, no quiero opinar de eso…
– Con eso me dijiste todo. Gracias
– ….

Las semanas pasaron rápidamente, algo así como mi sueldo en fin de mes… y pam!… viernes. Para esa tarde, Roberto ya estaba de vuelta en Lima, y lo primero que hizo fue tocar mi puerta exactamente a las ocho de la noche. Vestía una chaqueta de cuero marrón, una camisa blanca, jeans azules y su mejor sonrisa, se veía muy bien el desgraciado…verlo me alegró mucho (soy malo disimulando) y recién, a puerta cerrada, pude abrazarlo tal como yo quería. Extrañaba su olor, su fuerza, pero sobre todo su olor… no era una colonia o un aroma en especial, sino su propio olor. Lo peor era que él se daba cuenta de todo mi éxtasis invisible, aumentado aun mas su piurano ego.

– Uhm! te extrañe Beatito – dijo apretándome fuertemente a su pecho
– Yo también huevas… ven para acá!!!
Y lo besé.

Luego del manoseo respectivo, decidimos salir un rato, sin ningun plan a cuestas, total era eso lo que me gustaba de Lima, que en cualquier parte hay un lugar para pasarla chevere. Chapamos un taxi que nos dejó en pleno corazón de Miraflores, cerca al parque Kennedy. En todo el camino no parabamos de reir y hablar de cualquier cosa, sentía que lo conocía de toda la vida, y mis inseguridades parecían ir cayendo como un romántico castillo de naipes. El aire frio nos hacía caminar juntos (a veces, muy juntos) así que lo mejor que podíamos hacer era ir a algún lugar para cenar. Al parecer no eramos los únicos aprovechando esa noche de otoño. Mirando las bancas a nuestro alrededor verifiqué que casi todas estaban colonizas por variopintas parejas de todas las edades, tallas y colores. Lo irónico es que lo variopinto tambien es sorprendente.

– Habla Beato!
– Hey (…) que tal! – respondí con falsa sorpresa
– Bien! bien! Te presento a Sandra a la que luego me la voy a chifar. Veo que tu tampoco pierdes el tiempo no?

Se quedaron ahí parados él abrazando a Sandra y yo, bueno, yo abrazando al aire… asumo que estaba esperando las presentaciones oficiales (ya saben, soy-tal-y-yo-tal) pero las palabras no salían de mi boca.

– Hola que tal, soy Gonzalo – saludó dirigiéndose a Roberto…
– Hola, aqui Roberto. Eh…. de donde se conocen ustedes?
– Trabajamos en la misma constructora, soy ingeniero industrial – respondió rapidamente – vemos la mejora de procesos en todos los proyectos ya sea de construcción o de diseño, pero más que todo somos causas, brothers, manyas? Seguro ya te habrá contado de mi… – sonrió mientras abrazaba fuertemente a Sandra. Lo odié.
– No – respondí con la mayor tranquilidad que podía fingir – ¿Crees que aburriría a Roberto con historias de tu incompetencia hijo de puta huevas – y reí con mi mejor hipocresía.
Cabro malparido Beato del mal, jajaja….Bueno, bueno, los dejo, separé un box en Dragón pero antes haremos unas previas en Berlin, se apuntan??? Que dices Roberto? Vamos a pasarla chevere.
– Gracias Gonzalo pero Beato y yo ya tenemos planes. En otro momento con gusto.
– Chevere man, cuídense! ahi nos vemos.

Nos alejamos en silencio. La distancia entre Roberto y yo no parecía simplemente física; caminaba a unos pasos delante mio, sin percatarse de mi sorpresa. Volteé para ver a Gonzalo tal vez porque dentro mió tenía la esperanza de encontrar aquella mirada que aún recordaba la primera vez que nos besamos, aquella con un halo de honestidad, pero no la encontraría: sólo mostraba la de un Gonzalo ajeno, pretencioso, frío…y sobre todo falso. La rabia de todos mis fantasmas empezaban a llenar lentamente mi cabeza.  Apuré mi paso para alcanzar a un más alejado Roberto rumiando por dentro “¿Qué carajos me pasa?”

– Que idiota ese tipo, se computa bacancito, tremendo huevón! pero… por como te hablaba y esa confianza que vi…ehm… él sabe que eres gay? – arremetió apenas estuve a su lado
– Ah???
– Otra vez? Estás en otra Beato!!! – gritó y yo no pude evitar responderle de la misma manera
– ¿Sabes qué? Te calmas!!! Estoy pensando!! que es acaso un pecado pensar ???
Y nos miramos fijamente por exactos tres segundos. Podía haberme calmado, pues apenas terminé aquellas palabras Roberto me miraba sorprendido…hasta temeroso, pero me importó tres carajos y proseguí con la misma vehemencia…
– Si!! Gonzalo sabe que soy gay porque lo considero un buen amigo, y si! yo se lo he contado. A todo esto, mi familia también lo sabe, y si bien sólo me apoya mi papa (mi mamá aún reza el rosario cada domingo para que cambie) no vivo mi vida en un closet como otros; la gente que me importa lo sabe, y así soy feliz! Si te jode, ese no es mi problema, ok???!!!!

Ahora me miraba como un niño que ha recibido la puteada de su vida. Agachó su cabeza y puso sus manos en los bolsillos, podía oir su respiración pausada. Respiré. Los fantasmas ya no estaban. No había porqué seguir siendo tan mierda.

– Hey, vamos a comer, – sugerí tomándolo por el cuello y jugando con su nuca – te quiero fuertecito mi piurano.
Me miró fijamente, esta vez con serenidad. Rió.
– No. Mejor vamos a tu depa, ahi pedimos algo.

Ni bien llegamos a casa, lo ultimo que hicimos fue buscar el numero de delivery de la pizza. Apenas cerré la puerta, me cogió por detrás y me levantó en peso hacia él y yo no paraba de besarlo. Trataba de encontrar cualquier rincón de piel descubierta para llenarlo de besos o caricias. Pasaba mi mano por su pelo corto, rapado y ese roce áspero lo ponía a mil. No hubo palabras, no hubo indicaciones, no hubo libreto. Nuestras camisas cayeron rápidamente al piso, tan rápido como nuestra urgencia por llegar a la cama.

Me eché primero aprovechando que su correa al parecer no obedecía la imponente fuerza de sus manos. Me acomodé para observar como ahi, parado, Roberto se bajaba el jean y yo no podía más que pensar que sórdidas cosas me daban ganas de hacerle. Ya desnudos los dos, sentía aun mas su calor, y su olor en parte de su cuerpo. Rozaba cada parte de mi cuerpo con sus manos, firmes y toscas, mientras yo aprovechaba en tocar todo lo que uno no expone en publico, logrando así entregarnos al placer tan básico como complejo del sexo. El sudor hizo el resto y en pocos minutos ya estaba yo dentro de él. Roberto no era ningún novato en aquellas lides, pues cambiaba de posición cada cierto tiempo, intercalando suaves besos con bruscos abrazos, dulces caricias con profundos empujes a su ser.

– Quieres que siga?
– Si Beato…
– Dilo… pídemelo!
– Sigue Beato…. sigue por favor…!!!
Aquel pedido me encendió aún más. Lo tomé con las piernas en alto y no opuso mayor resistencia viendo mi bestia al rojo vivo. Entrecerraba los ojos, mientras yo trataba de calmar con besos sus gemidos de placer y dolor. Seguimos en aquella posición por varios minutos mas, mi respiración fue cada vez mas corta y rápida así como la de él. Apreté fuertemente sus brazos, mientras lamía su cuello y mordía cada vez mas fuerte su oreja izquierda, y luego de unos segundos sufrir la dulce agonía del éxtasis. Caí sobre su pecho, cansado  y continuamos así, en cómplice silencio.
– Te quiero Beato – murmuró.

No respondí. Pero no porque no sintiese su “te quiero”, sino que me pareció no oirlo del todo, o tal vez no lo oí sincero. Rápidamente encendí la luz y voltié hacia el y lo examiné con pícaro detenimiento: “Qué dijiste?” pregunté medio en risa medio nervioso. Se acomodó de lado, apoyándose en un codo y lo repitió lentamente….

TE – QUIE- RO – BE -A – TO

Lo miré nuevamente. Aquellas palabras que tanto quise escuchar a Gonzalo, las decía él pero milagrosamente mi cabeza decidió que no era momento para pendejadas y orientó toda mi alegría en aquel momento. Fue perfecto. No pude evitarlo…y respondí.

– Yo también te quiero Roberto.

Nos duchamos juntos mientras esperábamos a que llegara la pizza. La comimos con harto orégano y buen humor. Seguimos conversando y escuchando algo de música hasta casi las 11. Sabía que era la hora el adiós pues Roberto debía volver a su base. Ya en la puerta, le acomodé bien el cuello de la camisa mientras me decía lo bien que lo había pasado. Hacía incapié en que me tocaba a mi visitarlo en sus tierras. “Piura te va a encantar, tengo un amigo con una casita de playa en Colán en un lugar super caleta, la pasaremos de la putamadre, ya verás”. Nos despedimos con un largo beso.

Cerre la puerta y respiré profundamente. “Verdad – pensé – el no es de aquí”. Caminé hacia el cuarto rumiando otra vez mi realidad: El no es de Lima, el no vive aquí! y vive su vida totalmente metido en el clóset! que tipo de relación puedes tener con alguien asi? Una relación a distancia? encubierta?

Me metí a la cama tratando de recordar alguna relación a distancia que haya funcionado, no mía, sino de alguno de mis amigos o conocidos o hasta en la televisión (Rosita de Guadalupe help me!)…. Cero. Carajos. Tremenda meditación solo fue interrumpida por un mensaje de texto al celular. “Llegué bien. La pasé genial Beato. Te quiero”. Mensaje conciso y directo, informativo y reafirmativo, asertivo y adictivo. Apagué el movil y volví a sumergirme entre las sabanas. Aun podía oler a Roberto en ellas. Aspiré profundamente para que mi mundo volviese a verse y sentirse como hacia unas horas.

Creo que si alguien puede hacer eso con tu mundo vale la pena que mandas al tacho todos tus prejuicios y tus negativismos y te animes a lanzarte del puente. El amor es un juego de azar, donde ganas o pierdes, pero que nunca, nunca debes dejar de jugar. No sabía si podría salir herido pero lo que si sabía, es que no podía pasarme la vida esperando un “te quiero” de alguien que no tenía los huevos para decirmelo.

 

 

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